_Transmusicales 2009 (2-5 de diciembre)
¡karamba!
Posted 08 Jan 10
We welcome Vicenç Batalla, a Catalan journalist for a first external contribution on this website. In the future, be ready to have new posts, reports, thoughts (good and bad) in their original langages. Be kind to rewind Transmusicales 2009 in Spanish.
Unas alegres chicas de Rennes llevan unos cartones en el autobús que han llenado de frases para animar a un grupo que todavía no sé cuál es. Intento discernir estas frases y encontrarles significado entre el vaivén del autobús y las botellas que se pasan para beber. No consigo adivinar en qué idioma están escritas aunque las chicas hablan en francés entre frenada y frenada del vehículo que las lanza contra la gente sentada. Únicamente consigo distinguir una palabra, bien grande, en uno de estos cartones: "Karamba!". Ojeo mi programa de la edición 2009 de los Transmusicales y acabo deduciendo que este grupo de jóvenes alborotadas se dirigen a ver a FM Belfast, una banda islandesa de música de baile.
En uno de los tres escenarios del Parque de Exposiciones, a eso de las nueve de la noche, cuatro chicos escandinavos saltan y brincan con trajes imposibles al ritmo de su techno-house juguetón. Islandia también sabe reírse. No todo es Sigur Ros y sus lamentos polares. Las chicas del autobús enarbolan sus pancartas en primera fila cuando todavía es temprano en este viernes nocturno del festival. ¿Tendrán los Belfast FM alguna canción con el título tan cercano al español de 'karamba'?

Lo mejor, en todo caso, está por llegar. Y aparece casi tres horas después en el mayor de los escenarios del parque en el momento en que sale a escena la jamaicana Terry Lynn. Con sólo un reciente disco en el mercado, 'Kingstonlogic 2.0', le da un nuevo impulso al reggae y al dance-hall de la isla para obtener un sonido de nueva diva planetaria que no habíamos oído desde la irrupción de M.I.A. a mediados de la década. En directo, Terry Lynn se crece y deambula de un lado al otro de la escena, moviendo endiabladamente el cuerpo, con la seguridad de una mujer que le planta cara a la misoginia de sus compatriotas raperos. Detrás, cuenta con una banda de blancos comandada por el suizo-canadiense Rusell 'Phred' Hergert y completada por un guitarra, un bajo y dos baterías. Un cruce entre analógico y digital para desafiar la violencia de sus rivales masculinos que tiene a una pistola como emblema en la pantalla.
No hay demasiado tiempo para descansar antes de que salgan, en el tercer escenario, dos raperos jamaicanos que se revuelven bajo los beats de Diplo, el discjockey de Filadelfia que le dio forma a la erupción de M.I.A. y se fue posteriormente, con el también productor Swicht, a engendrar el proyecto Major Lazer en la isla caribeña. No llegaremos a saber el nombre de estos dos raperos, y si son algunos de los numerosos que participan en el álbum, pero a las dos bailarinas que animan el espectáculo se le suman al final de la actuación una veintena de chicas de las primeras filas e, incluso, la saxofonista norteamericana Jessie Evans que ha protagonizado otro concierto explosivo minutos antes en el escenario contiguo.

Jessie Evans es como Madonna en virtuosa de los instrumentos de viento. No solamente tiene fuerzas para soplar el saxo con una técnica envidiable, sino que contorsiona su delgada figura sin parar y baja varias veces a las vallas para saludar al público. La cadencia la pone el batería Toby Dammit (Iggy Pop, Swans, The Residents… leemos nada menos en el programa) que, vestido de etiqueta, funciona como una máquina de percusión ayudado por una caja de ritmos. La estadounidense afincada en Berlín, incluso, canta canciones en castellano y delata un origen hispano.
Como contrapunto, también es posible asistir a la misa pagana de Fever Ray, donde la sueca Dreijer Anderson oficia desde la oscuridad un ambient gótico que actúa de perfecta intersección en una jornada tan musculosa. Únicamente durante los fragmentos de una canción se le llega a ver la cara a Anderson y sus acompañantes, igual de místicos y etéreos. La noche aún permite apreciar los recitados comprometidos que traen de Orlando los Solillaquists of Sound como colofón a la mejor jornada, sin duda, desde que asistimos en la Bretaña al Transmusicales.
Por la tarde, en el auditorio de La Cité hemos presenciado la intimidad rockista del guitarrista americano Cass McCombs y, como momento más curioso del festival, la performance de los franceses Gablé que combinan música energética con teatro y una coral de viajas damas de Caen.
El sábado, el cartel no resultará tan excitante pero nos dejaremos llevar por las sensaciones del día anterior. Aún encontramos cosas para señalar. Los sudafricanos BLK JKS desmienten la idea de que en África no se pueden hacer los mismos experimentos contemporáneos que les vienen de fuera y pasan del reggae al dub previa transición psicodélica. Con el solo problema de no saber acabar el concierto. El dúo brasileño The Twelves calientan con sus lúdicas mezclas la sala grande antes de que circulen por allí gente consagrada como Mr Oizo -con una alarmante falta de ideas una década después del 'french touch'- y los londinenses South Central -siempre efectivos con uno de los hit de Nirvana en versión futurista-.
La gran decepción de esta edición es la aventura The Very Best, entre Francia, Suecia y Malawi, porque el intento en disco de hermanar bases electrónicas y de dub con un rapero africano deriva sobre el escenario en una pobre fiesta de tópicos y un productor más preocupado en filmar el sarao que de hacer algo más fresca la música que ha programado.
Suerte que, a las seis de la mañana, descubrimos a Danton Eeprom, esta nueva perla francesa (sí, lo edita Infiné) que es tan elegante con su electrónica de salón como seleccionando temas para la pista. Un buen cierre que cuenta con la buena idea de traer para los otros dos escenarios a los argentinos Fauna y su tropitronica, que es una manera de adaptar el reggaeton a los ambientes modernos, y a los barceloneses Meneo. Como no, el guatemalteco Rigo y el catalán Vj Enter, se vuelven a desnudar a mitad de actuación como es habitual en ellos mientras manipulan los sonidos de su Game Boy e invitan a los irreductibles de última hora a hacer lo mismo. Uno no puede dejar de exclamar: ¡Karamba!
VICENÇ BATALLA (pictures (c) Nicolas Joubard )


