_viva james holden!
un mes antes - sonar festival 2011
Posted 16 Jul 11
Como aquella canción que afirma que anoche un dj salvó mi vida, James Holden hizo lo propio conmigo en la madrugada del sábado al domingo del Sónar 2011. Agotado como siempre por tres días de electrónica de día y de noche, con buenas y malas sensaciones, con descubrimientos y decepciones, con dolores de espalda y reencuentros cargados de emoción, el sábado a las tres de la madrugada el cuerpo y el alma se debatían entre retirarse o quedarse hasta el final en los inmensos pabellones de Montjuïc 2. Con la buena intención de asistir a un cierre que se intuía tan sensible como brillante por parte de este dj.
Habíamos presenciado uno de los momentos cumbre de esta edición y de las diecisiete anteriores con el espectáculo sonoro y visual de un Chris Cunningham que redefine el vídeo clip y el vídeo arte, en general, para que las proyecciones en las pistas no sean algo inofensivo. Y Gaslamp Killer, desde Los Ángeles, continuó más tarde pinchando y contorsionándose como un poseído a ritmo de Led Zeppelin y la metralla más alucinógena que pueda prestar hoy la tecnología. Nos perdimos el showcase de Infiné (Arandel, Clara Moto, Rone) en los autos de choque porque no dábamos abasto y tampoco habíamos podido seguir las evoluciones de la joven Janelle Monaé. Pero a ella ya había tenido el placer de verla en los Transmusicales de Rennes.
Rone at SonarCar
Eran las tres de la mañana y empezaba el supergrupo de dubsteep Magnetic Man. Algo que ha llegado demasiado pronto desde la irrupción del penúltimo género surgido de los clubes de Londres y que no le hace ningún bien a esta concentración de bases del más allá, en principio, sin domesticar. Pero el MC de Benga, Skream y Artwork no se le ocurrió otra cosa que pedirnos que alumbráramos los móviles para convertirlo en una comunión a lo U2. Me marché inmediatamente.
No pude aterrizar en sitio mejor que en el set diabólico del londinense Deadboy, mientras alguno de sus acólitos del sello escocés Numbers incluso se atrevía a pararle el tema. Era el mismo escenario en el que su compatriota Shackleton había servido antes como contrapartida irrespetuosa y visceral un directo alternativo al de Underworld. En los autos de choque el showcase de Infiné, y la peña francesa del festival, había dado paso al de Stroboscopic Artefacts y la peña italiana.
Shackleton at SonarLab
En eso, fui a sentarme en el lateral más cercano al aire libre del SonarPub para ver las evoluciones con el ordenador del alemán Paul Kalkbrenner, esperando que a la cinco empezara James Holden. Maldita la gracia. Kalkbrenner, que se presenta como uno de los fijos del verano y en disco es alguien con buen busto y sugestivo, convierte en directo su techno en progresivo y prescindible. Que no se sabe muy bien hacia donde progresa. Pero el personal no paraba de bailarlo, más bien como si pisara un campo de patatas porque el ritmo no daba para más. Y, a las cinco, continuaba iniciando temas porque debía haber empezado media hora tarde. Y así se confirmó porque no dejó de poner temas alargadísimos hasta las cinco y media. Momento en que estaba a punto de claudicar.
Fue como un reflejo. Salté de la grada disparado. Me puse delante de la valla y abrí mi pequeña cámara fotográfica para tomar constancia del señor Holden en un primer ejercicio para desentumecer los músculos. "¡Qué bien que ha estado!", me gritó una chica. Y yo le contesté: "¡Ahora empieza el bueno!". Y, nada más entrar el primer acorde sintético, me puse a bailar con cara de mala hostia.
Bailaba cabreado, por el cansancio, por el dolor de espalda, por los momentos en que el esfuerzo no merece tanto la pena, por las muchas noches en que no coincido con el resto de la gente en cuanto a gustos, por la dificultad de intercambiar impresiones a medida que va avanzando el nivel de revoluciones por minuto, toxinas y taquicardias. Pero bailaba porque James Holden estaba cambiando la atmósfera. La estaba purificando, agrandando, embelleciendo. Sin necesidad de revoluciones por minuto, con el justo sentido del tiempo, evocando paisajes que a aquella hora sublimaban cualquier prejuicio. Metiendo una electrónica atemporal que se dejaba mecer por las reinterpretaciones de clásicos discos de los setenta. Y, de repente, se me pone a imitar los gestos otra joven, maja, rubia y con pecas.
"Debes ser de los únicos que vas sobrio", me suelta. "Bailas y vas vestido como si hubieras venido en bicicleta y continuaras pedaleando". Alegré la cara, le confesé que solo había tomado dos cervezas y le pregunté de dónde era.
"Vengo de Portugal con dos amigos", me siguió explicando en español mientras me los señalaba: "él es periodista económico y, el otro, ciclista". Uno de los dos, creo que el periodista económico, era su novio.
"Y vosotros, ¿qué os habéis tomado?", tuve curiosidad por saber.
"Todo", me dijo riendo. Y, luego, hablamos de música.
"Es que James Holden es muy bueno", quise dejar constancia.
"El anterior, también", me replicó.
"No, el anterior era una mierda", dije de nuevo con cara de mala hostia. Creo que Paul Kalkbrenner no me concederá nunca una entrevista.
Pero las conversaciones en primera fila y con 5.000 personas que no quieren irse a dormir no son sencillas. El novio se llevó a su portuguesa maja porque un tercer individuo le estaba haciendo insinuaciones. Volvió un momento al cabo de un rato, cuando ya amanecía.
"Es verdad, este dj es muy bueno". Sí, lo es. VICENÇ BATALLA
Listen the James Holden set at Sonar
James Holden @ sonar festival-2011 LOVE by we-love-sonar-festival
AGRADECIMIENTOS: Toro y Moi, Nicolas Jaar, Tyondai Braxton, Stendhal Syndrome, Pai Mei, Matador Rockers, Agoria, Astrud + Col·lectiu Brossa, Atmosphere, Hauschka, Ghostpoet, How To Dress Well, Holy Other, Oy, Cyclo, The Human League, Trentemoller, Dizzee Rascal, Steve Aoki, Aphex Twin, David Rodigan, Global Communication, Shangaan Electro, Actress, Ángel Molina... 'The idiots are winning' (James Holden).


